¿En qué nos
convertimos?
En
Venezuela, luego de inyecciones de odio, rencor, rabia, envidia y conflictos, se ha reflejado y surgido efectos en la sociedad.
Hemos sido testigos de cómo por motivo del cansancio a problemas de inseguridad y obstinación de
que no se haga justicia, los ciudadanos han iniciado mecanismos propios de rectitud ante el desequilibrio que enfrentan los ciudadanos. Si las instituciones correspondientes y encargadas de impartir rectitud ante irregularidades no hace su trabajo, ¿quién lo hará? Llegó a Venezuela la justicia social.
Los linchamientos, como fueron determinados, a delicuentes o hampones que pretenden despojar de sus pertenencias a otra persona e incluso quitarles la vida, se han
presenciado de distintas maneras y múltiples lugares del país.
¿Es esta la manera correcta de abordar los ataques e inestabilidad de la que son víctimas los ciudadanos del país? Golpear, cortar manos, causar quemaduras e
incluso asesinar a los autores de acciones de latrocinio, han sido los ejercicios que han tomado las a personas debido a la implementación y extensión que ha tenido la justicia propia vengativa en el país. La justificación ha sido atribuída a la ineficiencia de las autoridades pertinentes y la impunidad de los múltiples casos ocurrentes; sin embargo, ¿es la manera correcta de percibir el problema?
La mejor
manera de opinar, apoyar, argumentar o fijar una posición, indudablemente, es
una vez más, atribuir al gobierno venezolano la exención que durante 18 años ha sido incrementada en los actos delictivos que azotan a los ciudadanos venezolanos. Asimismo, ha sido comprobado que distintos integrantes de las filas que apoyan al actual gobierno que promueve la impunidad, son los mismos hampones que atacan a los residentes de Venezuela. ¿En qué momento llegará la justicia legítima a Venezuela? La propagación de la justicia social, mejor conocida como justicia bajo mano propia, derrumbará al país en una crisis social indetenible.
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